Tengo desesperanza aquí, consumiendo mis ganas de seguir, quemando mi cuerpo, rompiendo mi rostro. Tengo miedo que termina por comer todo mi rastro, que ahoga mis acciones, que condiciona mi andar. La suerte enseña duro, oscurece más la noche y la hace interminable, fría y agotadora.
Mi alma sale del cuerpo, se lleva mi sentir, arrastra mis deseos, enloquece mi mente, mata.
Algunas veces tenemos que fallar, caer y rodar, tenemos que levantarnos y volver a fallar, así poco a poco recorrer caminos, en el piso como piedras que somos, estorbando, molestando, impidiendo el andar de otros, puede que seamos rocas toda nuestra vida, pero yo quiero estar en la tierra, donde nada me toque, me mire, me tome y me lance lejos, contra un vidrio o una pared.
Quiero quedarme en este lugar, no avanzar, prefiero quedarme aquí que seguir y retroceder más, no pienso ganar para después conocer a que sabe la derrota, no quiero respirar para dejar de hacerlo, volverme dulce para ser amarga, o brillar para después apagarme con un soplo.
Sí, me apago con un soplo. Uno solo.